Las palabras crean al mundo.

Lo que existe sólo pervive si se dice. En ocasiones dejamos que el silencio llene parcelas de nuestra vida que deben precisamente vibrar de vida, de promesas expresadas, de deseos nombrados, de abrazos sentidos.

Guardarnos aquello que queremos decir, a veces no es sinónimo de respeto o de inteligencia emocional, sino quizá sea  sinónimo de miedo.

Valorar nuestra capacidad de comunicación y expresar no solo lo que queremos decir o hacer sino lo que sentimos al hacerlo o decirlo es para mí la verdadera libertad como ser humano. Las palabras no se las lleva el viento como se dice de forma popular, las palabras son el antecesor de los hechos que se cumplen,  no sé si por una ley cósmica  o por un impulso del cerebro, pero he aprendido que las palabras pueden ser un puente y su ausencia una condena y que solo depende de nosotros situarnos en un extremo u otro.

Expresar es mucho más que darle al musculo que no tiene hueso como decía mi padre. Expresar significa salir de nosotros mismos para ser eso que queremos ser y nos da miedo. Porque al expresar estamos compartiendo-nos con el otro y eso en ocasiones asusta.

No solo expresamos deseos y quimeras, al expresarnos también consciente o inconscientemente ponemos limites a lo que deseamos y a lo que no, expresamos emociones y necesidades, nuestras palabras expresan la falta de reconocimiento o la abundancia de dicha. Las palabras hablan de nosotros y de como vemos el mundo. Es posible que por eso asuste tanto pronunciarse, mojarse con algo tan personal como es la palabra.

No hay nada que nos haga crecer más que el enfrentarse a nuestros mayores miedos. Nos han enseñado que en boca tapada no entran moscas, o lo que es lo mismo sigue al rebaño y no seas la oveja negra. Hacer y decir lo mismo que otros nos hace iguales y esa aparente igualdad no genera conflictos y se puede manejar. Sin embargo en boca tapada no salen las ideas nuevas, no sale la creatividad, no sale la pasión y el propósito de cada cual. En una boca tapada no sale nuestro yo.

¿Cual es tu mayor temor?
Expresa y levanta esa voz que ha permanecido tanto tiempo callada. 

¿Conoces el cuento de la rana sorda?...
Erase una vez una rana que compartía una charca con otras ranas, la ranita estaba bien y podía decirse que se sentía feliz jugando con sus amigas, sin embargo algo dentro de ella le decía que esa charca no era la única charca donde ella podría jugar y alimentarse.

Un día, decidió brincar en busca de una nueva charca.

-       ¡Estás loca!, le decían sus amigas las ranas.

-       - No sabes a que distancia se encuentra la charca que buscas y eres una rana, necesitas el agua para vivir.
La rana no hizo caso de los comentarios de las otras ranas así que sin pensarlo dos veces tomó impulso para salir y explorar.

-       ¡Vuelve, vuelve rana insensata!

La rana siguió su camino saltando alegre entre la hierba y dispuesta a conseguir su propósito…

¿Sabéis   por qué la rana no hizo caso a las palabras de las otras ranas? pues porque la rana estaba SORDA...

Ensordece como la rana de este cuento para quienes te digan que no debes expresar aquello que late en tu corazón.  




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