Bloqueamos la tristeza porque no sabemos qué hacer con ella.
La
tristeza, como todas las emociones básicas, tiene un propósito de ser, una
función y una o varias enseñanzas. El problema es que no estamos acostumbrados
a aceptarla en nuestras vidas como algo natural. La tristeza se ha convertido
en esa piedra pesada que todos queremos sacar de nuestra mochila lo antes
posible, no sea que nos atrevamos a
sentir-la y aprendamos algo más de nosotros mismos…
Estamos acostumbrados a negar la tristeza
No importa en que ciudad nos
encontremos, respecto a la tristeza siempre es lo mismo escucharíamos millones
de veces las frases de “no estés triste,
no llores, ya está… no pasa nada, no llores”. Sobre todo y curiosamente de
madres hacia sus niños pequeños, sembrando la idea de que “eso que estás
sintiendo no es bueno sentir”.
¿Nos damos cuenta de que
todos estos mensajes que fuimos recibiendo en nuestra niñez, y que ahora como
padres repetimos a nuestros hijos, es la forma en la que de adultos nos
hablaremos a nosotros mismos?.
No, seguimos ciegos y sordos por lo que sigo viendo y escuchando, creo que de momento la
palabra asociada la tristeza es la de “debilidad”.
Bloqueamos la tristeza porque no sabemos qué hacer con ella
Bloqueamos la tristeza en nosotros y en nuestros seres queridos, ¿por qué?
simplemente porque es incómodo presenciarla, porque no nos parece agradable ver
a tu hijo, a un amigo sintiéndose así y queremos que deje de estarlo lo más
pronto posible, porque no sabemos qué hacer con nuestra propia incomodidad
emocional al presenciarla.
De esta forma, hemos ido desarrollando un “miedo” alrededor de la tristeza, un rechazo, una resistencia
e incluso en algunas ocasiones una negación de la misma. Como cuando te
preguntan cómo estás, y tu por dentro te sientes triste pero como no quieres
hacer sentir mal al otro dices.. “muy bien, estupendamente. No sabemos qué hacer con la tristeza y por eso mismo,
tenemos miedo de que se apodere de nuestras vidas y nos deprima. Como si fuera
un “ente” dentro de nosotros pero al mismo tiempo ajeno a nosotros, algo que
tiene su voluntad propia y nos quita la nuestra.
La función y el propósito de la tristeza es la introspección
La tristeza, junto con el enojo, el miedo, la alegría y la aversión,
forma parte de las emociones básicas que traemos “de fábrica” como seres
humanos y que cada una de ellas, tiene
una función y un para qué de ser.
Si leíste mi libro ¿Qué han hecho con nosotros? Recordarás que en el
capítulo de la tristeza reflexionaba sobre la intención de esta emoción básica
y desde luego que “la pobre” no existe en nosotros para arruinarnos la vida,
sino para permitirnos la introspección.
La introspección es el momento en el que entras con tu conciencia en tu
interior para conectar con cuestiones más profundas, como por ejemplo, qué
estás necesitando para disfrutar más de la vida, para evolucionar,
transformarte, ser más tú mismo.
En otras palabras, los momentos de tristeza nos llevan a la inactividad, al
desgane físico, a la baja energía y a las ganas de meternos en nuestra cueva y
no hacer nada, como sociedad, obviamente
que no queremos estos momentos porque estamos acostumbrados a “hacer hacer
hacer y hacer”, pero… hay momentos en la vida en los que necesitamos de esa
tristeza precisamente para poner pausa al ruido exterior y escuchar la melodía
que emana de dentro de uno mismo.
Fuera de frases
bonitas, el propósito de ser de la tristeza es ayudarte a entender qué
está pasando contigo, qué estás necesitando y tener un momento de honestidad en
el que te das un tiempo para ti y te preguntas hacia dónde quieres poner tu foco.
Los momentos de tristeza son necesarios en la vida
Sí necesarios, ya sé que necesitar no se lleva, no mola, otro
craso error de los humanos actuales, pero de eso hablaré o mejor dicho
escribiré en otro momento.
Los momentos de tristeza, son aceptados
socialmente si suceden después de la muerte de un ser querido, los duelos están
aceptados, permitidos y recomendados, sin embargo hay otras ausencias que
también requieren de esa emoción. Etapas de
nuestras vidas, facetas de nosotros mismos que están evolucionando, duelos en
medio de transformaciones personales, de cambios de vida, de maneras de pensar,
hay que permitirse vivir y
desahogar esa etapa de tristeza para poder recuperar el equilibrio interior.
Para poder entender el mensaje de la tristeza hay que perderle el miedo al
dolor
El dolor emocional es ese momento donde contactas con tu propia
vulnerabilidad. Quizás ese dolor es consecuencia por cuestiones que no tienen tanto fundamento
en la realidad, como pensar que no podrás ser feliz sin una pareja, que serás un
fracasado porque te has quedado sin tu
trabajo o que no eres una persona interesante porque no tienes 450.000 likes en
las redes sociales.
Hay muchas situaciones en la vida que nos puede generar dolor,
pero ese dolor está basado en creencias equivocadas respecto a los códigos
sociales de felicidad y éxito. Después,
existe el dolor emocional genuino, donde simplemente conectas con esa
vulnerabilidad y duele lo que sucede más por empatía hacia el sufrimiento
propio y humano que por cuestiones superficiales respecto a lo que no sucede
como querías.
Pero sea por las razones que sean, el dolor emocional existe, y
es precisamente al no permitirnos sentirlo que se convierte en sufrimiento, y/o
depresión. Como seres humanos que somos, es fundamental aceptar su
existencia y otorgarle el tiempo
de experimentarlo cuando llega. Sin tener que hacer nada al respecto,
simplemente sentirlo para poder después utilizar a tu favor la enseñanza y encontrarle
un propósito.
LA FUNCIÓN DE LA TRISTEZA
ES LA DE GUIARTE HACIA TU JARDÍN SECRETO PARA QUE DESCANSES UN RATITO ANTES DE
VOLVER A COMENZAR…
Gracias por leerme.
Mer.


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